UN ÁNGEL DE ORLAN EN ARGENTINA

Natacha Voliakovsky nos comparte su experiencia de ser acompañante de Orlan durante su visita a Buenos Aires. Ambas han realizado búsquedas dentro del carnal art, siendo intervenidas en los quirófanos y de alguna manera exponiendo su dolor y recuperación al público.

Pensamientos de Natacha Voliakovsky:
Mi taxi llegó al museo al mismo tiempo que el de ella. Pura casualidad. Entonces, me acerqué para saludarla en francés pero continué hablando en inglés. ORLAN me abrazó y me sonrió. Mariana Rodriguez Iglesias por medio del MACBA me había convocado para que sea el Ángel de ORLAN en Argentina, uniéndonos por empatía ya que ambas habíamos usado nuestro cuerpo como material artístico.

Sin duda, fue una semana intensa en la que tuve que acompañar –con una agenda casi imposible de lo apretada que estaba– por todo Buenos Aires a una de mis artistas ícono.
Planifiqué con varias semanas de anticipación todo lo que le diría, las preguntas que le quería hacer y todo lo demás. Sin embargo, fue muy poco lo que puede realizar basado en esos planes previos y terminé improvisando. Tengo que decirlo: me sorprendió lo dispuesta que yo estaba a la escucha, a tener afinado el registro en mi memoria en cada segundo de lo que pasaba y para aprender de una artista como ella (para quien las gestiones argentinas nunca son tan profesionales como pretendía). A su partida quedaron en mi mente algunas reflexiones muy diferentes a lo que esperaba; les comparto solo algunas.

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Ser mujer y usar el cuerpo ¿es sinónimo de ser feminista?
En repetidas oportunidades, cuando me acomodaba el pelo, ORLAN me frenaba con ademanes y burlaba mi actuar definiendo mi acción como heteronormativa. Ella me señalaba que está estudiado que las mujeres acomodan su cabello porque buscan agradar a los hombres. Sin embargo, en mi caso es muy natural y tiene otra explicación: tengo el pelo muy largo, con las puntas muy secas de tanta tintura y con esta suerte de “tic” desenriedo los nudos que se hacen. Me tomó por sorpresa, entonces, la mirada “feminista” de ORLAN en relación al asunto del pelo. Este pequeño detalle fue un detonante para indagar en nuestras obras, y especialmente apuntar al trabajo artístico de la mujer. Ser mujer en el arte, ¿es necesariamente sinónimo de ser feminista?. Me considero diseñadora de mi propia identidad y género. Pienso más en mi como una travesti sin tetas que en una feminista. Creo en la construcción propia de la imagen, del cuerpo y de las ideas alrededor de la materia (el físico como un elemento más). Cuando me operé por primera vez –para modificarme el rostro–, lo hice pensando en conseguir la “mejor imagen” de mi misma (y en mostrar y reflejar algo tan real como lo que mueve a una enorme cantidad de chicxs que buscan “modificar” su cuerpo cuando éste no condice con la idea que tienen de si mismxs) antes que con un ideal de belleza. Cuando realicé la perfomance Interferencia, Evidenciar lo opuesto a un momento fugaz en el Cultural San Martín muchos me preguntaron si mi postura era a favor o en contra de las cirugías plásticas. Me costó comprender cómo era posible que haya solo dos alternativas al respecto. Estoy a favor de la construcción de uno mismo. Me formé como diseñadora y creo que esto hizo que piense de forma proyectual todas mis obras, lo que –a pesar de la perplejidad de muchos– incluye mi cuerpo. Es por eso que repito: utilizo mi cuerpo como una materia más.

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Las tres generaciones juntas
Dentro de la agenda estaba pautado visitar la muestra de Nicola Costantino en Barro Galería y hacía allí nos dirigimos. Llegamos y un grupo de camarógrafos esperaban a ORLAN para filmar su visita. Recorrimos toda la instalación. En ella –un mural fotográfico de 22 metros en forma circular– nos detuvimos a contemplar cada foto. Rodeadas de una casi total en oscuridad, Nicola le muestra a ORLAN una parte del mural donde estaba mi imagen, y se la señala para ver si me reconocía. Previamente Nicola me había convocado para formar parte de su obra, e hicimos varias fotos en las que sostenemos a un chancho muerto sobre una mesa de quirófano. Nos sacamos varias fotos las 3, bajo el comentario de
Nicola: “las tres generaciones juntas” Al rato vimos unos videos de cuando Nicola convertia la grasa en jabón. No hicimos comentarios, las tres habíamos manipulado nuestra grasa, me sentí comprendida.

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¿Tener hijos o no tenerlos para tener una carrera exitosa?
Estábamos almorzando en “El Obrero” mientras Nicola contaba como, mediante inseminación artificial, había logrado quedar embarazada a los 45 años de edad. A esto ORLAN le contesta: “esa vida de madre no es para mi”. Recordé, entonces, cuando ella nos contaba que vivía de gira en hotel a hotel, y recuerdo haber pensado cómo sería la maternidad con una vida tan movida. Yo tengo 28 años recién cumplidos, y aún la cuestión de los hijos no está en mis pensamientos. Sin embargo, al escuchar esos comentarios, pensé cómo sería posible llevar una familia en el caso de que lo deseara, y producir y viajar al mismo tiempo. Porque esta pregunta –la de cómo ser buena profesional y madre– creo que es algo con lo que crecemos todas las mujeres de mi generación. Algunas vez, años atrás en el comienzo del feminismos, era revolucionario no tener hijos como una manera de ir contra el mandato patriarcal. Hoy, creo que problematizamos de otra manera con el tema y la pregunta es más hacia cómo hacer para lograr todos nuestros objetivos, sin tener que elegir entre uno u otro.

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A penas llegó a francia me envió un mail para saber más de mi trabajo.
ORLAN entendió desde el primer dia que ambas habíamos elegido usar nuestro propio cuerpo como materia, pero que los conceptos y las búsquedas de cada una abrían caminos diferentes. Ella sostiene que lo innovador en su trabajo fue el haberse operado dada la época en que lo hizo. Hoy esto ya no sería tan controvertido. Coincido. A lo que a mi respecta, siempre me interesó menos obra por el mero hecho de que sea “novedosa” que cambiar el punto de enfoque que el pensamiento simple o acrítico tiene sobre ciertas prácticas realizadas en nuestros cuerpos. En lugar de convertir la operación en obra quiero mostrar un estado post-quirúrgico cargado de incertidumbre. Reponer una situación en la que a pesar de elegir “modificarme” no tengo certezas del proceso ni de cómo voy a quedar. Quise compartir y reflejar algo para muchos cotidiano y que aun hoy, 40 años después de que lo hiciera ORLAN, aun es tabú.

 

Texto por Natacha Voliakovsky.
editado por Mariana Rodriguez Iglesias.
Buenos Aires, Diciembre, 2016.